martes, 4 de marzo de 2014

SEGUNDA TAREA


Ignacio se despertó en mitad de la noche muy agitado y nervioso. Había tenido una pesadilla espantosa: personas gritando, tiradas por la calle, animales salvajes por todos lados...¿Qué le habría llevado a tener tal espantoso sueño? De repente, recordó. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? La visita al museo, por supuesto. Ese cuadro le había dejado impresionado. Necesitó un par de minutos para observarlo por completo debido a su gran tamaño. Ese cuadro tan desgarrador le había llamado tanto la atención que se había anclado en su subconsciente y en ese momento se manifestaba en forma de pesadilla. Espera, se estaba acordando de más cosas del sueño...el hombre que sujetaba la vela, sí. Le estaba diciendo algo...algo así como "diles que les quiero, diles que nunca me olvidé de ellos". Al día siguiente, cuando se lo contaba a Pablo, su amigo, éste se quedó con la boca abierta y, lo más increíble, ¡él también había tenido una pesadilla con el mismo cuadro! A diferencia de que, el hombre que le hablaba en sueños era el que yacía en el suelo con un gesto de dolor. Éste no dejaba de decirle a su amigo Pablo que tenían que buscar a Anselmo, que él les daría la respuesta. 
Sería o no casualidad, que el director de su colegio se llama así, y como no conocían a nadie más con ese nombre, acudieron a hablar con él. Tras explicarle los sucesos con pelos y señales, el director, con una mirada de profunda pena, les entregó un sobre y solamente les dijo: "nunca lo he abierto ni he sabido qué hacer con él, pero parece que vosotros podéis hallar la respuesta". Tras muchas búsquedas en Internet, averiguaron que Anselmo había sido familia de los antepasados que murieron tras la desgracia de un desafortunado bombardeo en la guerra civil, y que los familiares más cercanos de estos fallecidos quedaron enormemente apenados porque no tuvieron oportunidad de dar un último adiós a sus seres queridos. Abrieron el sobre con gran emoción y encontraron lo siguiente:

"Nos encontramos solos, perdidos en medio de tanta miseria y desolación. Lo único que queremos es descansar en paz, pero antes de despedirnos de este mundo injusto y cruel, queremos decir un último adiós. Por miedo a que el enemigo encuentre nuestras cartas y caigan en el olvido, las hemos puesto a buen recaudo, y para encontrarlas se habrá de seguir una serie de pistas que lleven hasta el punto donde fueron escondidas. Las pistas que se han de seguir son las siguientes:
Primero: Empiece su recorrido en la calle que lleva el nombre de un funcionario, escritor e historiador español del siglo XVIII cuyo nombre es compuesto y su apellido va precedido de la preposición "de". Continúe por esa calle hasta llegar a la calle de una santa que, según su nombre, hacía uso de su "caput". Siga por esa calle hasta llegar a una intersección que lleva por nombre un lugar situado al sudeste de la Península Ibérica y a orillas del río Segura. Si continúa por esa calle, enfrente de un lugar donde las personas mayores guardan su dinero, hallará un vehículo que muestra 9 números; es de vital importancia que los recuerde. Tras pasar esta calle, se encontrará en un paseo que deleitaría a cualquiera. Suba toda esa calle hacia arriba (muy hacia arriba) hasta que se encuentre con un "círculo muy grande" por donde los automóviles dan vueltas sin parar. Cuando llegue a ese círculo, rodéelo y baje la calle en sentido contrario al que estaba subiendo, y allí se topará con un museo. 
Segundo: Cuando haya averiguado el nombre del museo, métase en su página web. Una vez allí, haga click en el apartado "Colección", y baje hasta encontrar el link de "Viaje al interior del Guernica". En la información, busque la fecha en la que se comenzó a realizar el estudio sobre el estado de conservación del cuadro. 
Tercero: Una los números que encontró en el automóvil con los de la fecha. 
Cuarto: Sume las cifras, y el número que de como resultado, será el número de ladrillos que tiene que contar desde la esquina superior izquierda de la pared donde se sitúa el cuadro del "Guernica". El ladrillo resultante podrá ser retirado sin problema. Allí dentro se encuentran las cartas."

Ignacio y Pablo siguieron al pie de la letra todas las instrucciones, y lograron con éxito encontrar las cartas perdidas. Estaban deseando entregárselas a sus familiares para hacerles felices y saber que sus queridos fallecieron acordándose de ellos hasta el último momento.